lunes, 17 de febrero de 2014

Frío

Seca, como una rama me parto con el viento azotador, y no puedo más que dejarme llevar por su estremecedora frialdad y me parto, acabando hecha pedazos por todas partes. Intento hacerlos llegar a mí de nuevo pero no soy más que el recuerdo de una naturaleza viva que antes fui. Impotente tapo toda luz de esperanza. No quiero ver. No quiero sentir. Huir de este invierno que ata mi corazón a la sequedad fría del viento es lo único que me ata a mis pensamientos de naturaleza fantasmal.

Ya no puedo mantener sola el atisbo de vida dentro de mí, pues es sólo eso, un reflejo que se borra cuando la luz del sol se va, y el sol no llegará nunca pese a mis anhelos de calidez para sentirme viva otra vez.


Nieva y mis pedazos se funden con la tierra, igual que mi vida y no pude despedirme de la calidez del sol. Por eso te digo: adiós querido, mantuviste mi vida pero no llegaste a tiempo para el último empujón. El invierno se lo llevó todo con él y tan sólo dejó un rastro de mi triste muerte entre su nieve. Adiós amado, mantendré en mi memoria cada segundo en el que me sentí  viva, pero ha llegado el momento de dejarme llevar con el viento hasta el fin y desvanecerme en las oscuras aguas de mi lago mortal. Adiós, nunca volveré a verte, sólo en mi recuerdo. Guárdame en tu memoria, pues yo te guardaré en lo más profundo de mi corazón seco de invierno y soledad.

sábado, 15 de febrero de 2014

Alive in the distance

Frágil, como un pedazo de una piedra preciosa bailaba en el centro de la nada transmitiendo calma y serenidad. Sus alas se movían hipnotizando a la consciencia, haciendo perder la noción de la realidad a quien la mirara. Sentía cada una de las notas de aquella bella canción en cada uno de sus músculos, cerraba los ojos y volvía a estar viva. La música y sus brazos eran una misma cosa mientras volvía a sentir cada una de las cosas que había en el mundo. Escuchaba la hierba crecer, veía dentro de ella misma su corazón volviendo a latir, el leve movimiento de la Tierra sobre sí misma, el sonido de sus músculos al contraerse, las flores girarse hacia la luz…sentía a su alrededor un mundo vivo lleno de música que bailar para poder vivir más tiempo, pero se detuvo en algo. Había un sonido en el que prestar especial atención, una respiración, los músculos al tensarse en una sonrisa, unos pasos acercándose lentamente, un latido agitado cada vez más. Abrió sus ojos y alguien desconocido a ella fundió sus movimientos a los suyos. Eran uno. Complementaban la calma y la serenidad el uno con el otro mientras sus miembros se movían al unísono al compás de la música. Se sentía más viva que nunca. Sintió su corazón acelerarse hasta sentir que le fuera a estallar y sonreía por primera vez. Era su presencia, su olor, sus ojos, su piel, su calidez. Cada una de aquellas cosas que había sentido vivas del mundo quedaban resumidas en su ser, y al sentir que podría seguir viva sin bailar, paró y lo miró frente a frente mientras sus manos habían quedado en su cintura. Se acercó, sin temor, pues sentía que lo conocía desde su primera respiración y por un momento rozó sus labios, pero había parado de bailar, su cuerda se había acabado y ella no era más que una muñeca de caja de música, ahora paralizada con la mejor de sus sonrisas. Dejó de estar viva otra vez…

Decidió que la esperaría, pues él la veía bailar mientras que ella oía su corazón latiendo en la distancia, pensando que todo aquello que sentía era el mundo creciendo a su alrededor, pero era su entrecortada respiración de cuando la veía bailar lo que veía de vida. Sus corazones de mentira estaban conectados. Cada vez que escucharan sus latidos otra vez, sentirían lo que es la vida bailando aquella melodía que los mantendría juntos para siempre.


viernes, 14 de febrero de 2014

Fear

Rocé sus gélidas ropas y un olor a soledad se introdujo en mi mente mientras me abría los brazos con movimientos congelados en el tiempo. Todo se había detenido y sólo podía ver las caras de pánico alrededor.Sangre. Goteaba de uno de sus ojos vacíos de locura. Ella no podía oírme pero sí recorrer cada uno de mis nervios matándolos lentamente. Sabía lo que sentía y susurraba dentro de mi cabeza, creando fantasmas de pánico que luchaban contra la razón mientras que sonreía con la sonrisa de una muñeca rota: sin sentir nada y a la vez con el corazón en el puño, pero no el suyo, sino el mío. Deseaba llevarme en sus brazos al abismo mortal y tirarme por el vacío de mi propia oscuridad.

Se acercaba cada vez más a mis labios absorbiendo el poco atisbo de vida que quedaba en mi cuerpo. No podía huír, todo menos mi mente estaba paralizado. Sólo podía sentir el pánico de ver mi vida yéndose con esa criatura que deseaba abrazarme y entre sus brazos asfixiarme para siempre. Sus manos rozaron mi cabello y se llevaron parte de él, parte de mi razón, dejando el desolador miedo que mordisqueaba cada parte de mi cuerpo, me abrazaba, como si fuera un alivio pero apretaba sin pudor mi frágil y perdido cuerpo entonces, que se rompía en pedazos bajo su manto fúnebre. Balbuceaba volver a tenerme otra vez con ella, esta vez para siempre, sin nadie que se interpusiera en mi propia vida y en su maldición eterna. Perdía la visión y todo se volvió oscuro, inconsciente, un mar de oscuridad en el que me ahogaba sin poder evitarlo, era mi momento, pero ella seguía ahí, cumpliendo con sus deseos macabros y acabando con mi forma humana para convertirme en lo que era ella: un alma vacía de vida, a la cual la oscuridad inundaba su corazón muerto de locura y desesperación.

Era el último segundo antes de sucumbir a la tentación de su descanso, pero algo me empujó fuera de su abrazo, una luz, una mano tendida dentro de mi soledad que me zafaba de su abrazo asfixiante...

Me descubrí ilesa entre los efluvios de un hecho hasta que recordé mi visión. Era ella a quien había visto, era la muerte.