viernes, 14 de febrero de 2014

Fear

Rocé sus gélidas ropas y un olor a soledad se introdujo en mi mente mientras me abría los brazos con movimientos congelados en el tiempo. Todo se había detenido y sólo podía ver las caras de pánico alrededor.Sangre. Goteaba de uno de sus ojos vacíos de locura. Ella no podía oírme pero sí recorrer cada uno de mis nervios matándolos lentamente. Sabía lo que sentía y susurraba dentro de mi cabeza, creando fantasmas de pánico que luchaban contra la razón mientras que sonreía con la sonrisa de una muñeca rota: sin sentir nada y a la vez con el corazón en el puño, pero no el suyo, sino el mío. Deseaba llevarme en sus brazos al abismo mortal y tirarme por el vacío de mi propia oscuridad.

Se acercaba cada vez más a mis labios absorbiendo el poco atisbo de vida que quedaba en mi cuerpo. No podía huír, todo menos mi mente estaba paralizado. Sólo podía sentir el pánico de ver mi vida yéndose con esa criatura que deseaba abrazarme y entre sus brazos asfixiarme para siempre. Sus manos rozaron mi cabello y se llevaron parte de él, parte de mi razón, dejando el desolador miedo que mordisqueaba cada parte de mi cuerpo, me abrazaba, como si fuera un alivio pero apretaba sin pudor mi frágil y perdido cuerpo entonces, que se rompía en pedazos bajo su manto fúnebre. Balbuceaba volver a tenerme otra vez con ella, esta vez para siempre, sin nadie que se interpusiera en mi propia vida y en su maldición eterna. Perdía la visión y todo se volvió oscuro, inconsciente, un mar de oscuridad en el que me ahogaba sin poder evitarlo, era mi momento, pero ella seguía ahí, cumpliendo con sus deseos macabros y acabando con mi forma humana para convertirme en lo que era ella: un alma vacía de vida, a la cual la oscuridad inundaba su corazón muerto de locura y desesperación.

Era el último segundo antes de sucumbir a la tentación de su descanso, pero algo me empujó fuera de su abrazo, una luz, una mano tendida dentro de mi soledad que me zafaba de su abrazo asfixiante...

Me descubrí ilesa entre los efluvios de un hecho hasta que recordé mi visión. Era ella a quien había visto, era la muerte.

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