Frágil, como un pedazo de una piedra preciosa bailaba en el
centro de la nada transmitiendo calma y serenidad. Sus alas se movían
hipnotizando a la consciencia, haciendo perder la noción de la realidad a quien
la mirara. Sentía cada una de las notas de aquella bella canción en cada uno de
sus músculos, cerraba los ojos y volvía a estar viva. La música y sus brazos
eran una misma cosa mientras volvía a sentir cada una de las cosas que había en
el mundo. Escuchaba la hierba crecer, veía dentro de ella misma su corazón
volviendo a latir, el leve movimiento de la Tierra sobre sí misma, el sonido de
sus músculos al contraerse, las flores girarse hacia la luz…sentía a su
alrededor un mundo vivo lleno de música que bailar para poder vivir más tiempo,
pero se detuvo en algo. Había un sonido en el que prestar especial atención,
una respiración, los músculos al tensarse en una sonrisa, unos pasos
acercándose lentamente, un latido agitado cada vez más. Abrió sus ojos y
alguien desconocido a ella fundió sus movimientos a los suyos. Eran uno.
Complementaban la calma y la serenidad el uno con el otro mientras sus miembros
se movían al unísono al compás de la música. Se sentía más viva que nunca.
Sintió su corazón acelerarse hasta sentir que le fuera a estallar y sonreía por
primera vez. Era su presencia, su olor, sus ojos, su piel, su calidez. Cada una
de aquellas cosas que había sentido vivas del mundo quedaban resumidas en su
ser, y al sentir que podría seguir viva sin bailar, paró y lo miró frente a
frente mientras sus manos habían quedado en su cintura. Se acercó, sin temor,
pues sentía que lo conocía desde su primera respiración y por un momento rozó
sus labios, pero había parado de bailar, su cuerda se había acabado y ella no
era más que una muñeca de caja de música, ahora paralizada con la mejor de sus
sonrisas. Dejó de estar viva otra vez…
Decidió que la esperaría, pues él la veía bailar mientras que ella oía su corazón latiendo en la distancia, pensando que todo
aquello que sentía era el mundo creciendo a su alrededor, pero era su entrecortada
respiración de cuando la veía bailar lo que veía de vida. Sus corazones de mentira estaban conectados. Cada vez que escucharan sus latidos otra
vez, sentirían lo que es la vida bailando aquella melodía que los mantendría
juntos para siempre.
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